miércoles, 2 de diciembre de 2015

ESTÁ EN EL CEREBRO Y NO EN LA LENGUA, SEGÚN UN ESTUDIO Sentido del gusto

En Estados Unidos, un grupo de investigadores descubrió que a pesar de que los receptores del gusto se encuentran en la lengua, es el cerebro el que reconoce los sabores. Por ello, concluyeron que el sentido del gusto está en el cerebro y no en la lengua.

Se suele pensar que las papilas gustativas son las encargadas de detectar los cinco sabores de la comida y enviarle esa información al cerebro. Pero ahora, este grupo de investigadores del Columbia University Medical Center (EEUU), publicó un artículo en la revista "Nature" en el que demuestran que se puede provocar que un ratón perciba que el agua es dulce o amarga sólo con modificar un grupo de neuronas del cerebro.

"Lo más importante de este estudio es el descubrimiento de que es posible 'recrear' la percepción de sabor de un animal, y la representación interna de los sabores dulce y amargo, manipulando directamente el cerebro", explicó Charles S. Zuker, director del estudio e investigador del Howard Hughes Medical Institute. Por eso, en su opinión, "el sabor, tal como lo conocemos, está en último término en el cerebro, no en la lengua".

Es decir, que aunque la lengua tenga receptores para captar el sabor amargo y dulce, es en el cerebro donde esas señales adquieren sentido.

Mapa de sabores en el cerebro

En la última década, el equipo de Zuker ha probado que cada grupo de receptores del sabor en la lengua envía una señal específica al cerebro, y que hay un grupo de neuronas que se dedican exclusivamente a cada sabor y que se encuentran en distintas zonas de la corteza cerebral.

De hecho, fue posible incluso elaborar un mapa de sabores en el cerebro.

Pero ahora, se dio un paso más: "En este estudio, queríamos comprobar si hay regiones específicas en el cerebro que activan la sensación de amargo y dulce. Si las hay, al silenciar esas regiones se evitaría que el animal percibiera esas sensación, a pesar de que le diéramos estímulos de dulce o amargo (en la lengua)", explicó Zucker.

Por eso mismo, "si activamos esas zonas, ellos deberían percibir un sabor dulce o amargo aunque estuvieran bebiendo agua".

Agua que sabe dulce o amarga

Y esto es exactamente lo que los investigadores encontraron. Cuando los científicos inyectaron una sustancia para silenciar las neuronas para el sabor dulce, los ratones dejaron de percibir este sabor, pero seguían percibiendo el amargor. Lo mismo pasó cambiando los papeles. Incluso, si se les daba agua y se activaban esas zonas, los animales saboreaban lo que los investigadores querían.

Optogenética

Para ello, recurrieron a la optogenética, una técnica que permite modificar el cerebro de animales de experimentación para que neuronas concretas respondan a la luz de un láser y se puedan activar o desactivar a voluntad. Además, observaron si los animales chupaban más en busca de agua supuestamente dulce, o si al contrario aparecían náuseas y rechazo a lo amargo.

Sabor programado

Incluso entre los animales que nunca habían percibido ninguno de esos sabores antes, observaron estas respuestas activando y desactivando neuronas concretas.

Por ello, para Zuker, "estos experimentos prueban formalmente que el sentido del gusto está totalmente programado, y que es independiente del aprendizaje y la experiencia", cosa que no ocurre con los olores, tal como apunta el científico.

Neuronas del sabor

Mientras los investigadores siguen estudiando cómo estas neuronas del sabor se relacionan con otras y regulan comportamientos, Zucker destaca que en humanos el gusto también es innato y programado, cosa probada en el rechazo de los bebés a lo amargo y en su gusto por lo dulce.

"Pero, a diferencia de la mayoría de los animales, podemos aprender a que nos guste lo amargo (como la cerveza y el café) o a que no nos guste lo dulce", concluye el investigador.

OPTOGENÉTICA

Los investigadores utilizaron la optogenética para activar o desactivar deliberadamente neuronas específicas con ayuda de un láser.

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